Un viaje sin escalas al interior de mis neuronas - Maximiliano Soteris - Copyright 2005

viernes, octubre 28, 2005

Prejuicios... y realidades



La foto lo dice todo... quien visita el Caribe solo piensa en esto. Pero la realidad puede ser muy distinta, a veces dura de digerir y de vivir.

viernes, octubre 21, 2005

Prefacio al Nuevo Mundo

Me tomé un tiempo entre mi suscripción al blogger y mi primer post para tomar un poco de conciencia sobre lo que significa mantener un blog activo. Estuve leyendo varios blogs de amigos y otros en forma aleatoria, para quizás descubrir la filosofía detrás del fenómeno. Lo extraño es que no hay coherencia ni orden, no existe un tema ni momento para hacerlo, no existen guías ni parámetros. Sólo un cuadro blanco donde elegir fuentes, tamaños de letra, vista previa y agregar fotos; sólo eso y la imaginación del escritor.

Me considero una persona bastante racional, por lo que el blog quizás reflejará esa tendencia. La base del blog son 16 capítulos de emails que fueron enviados a mis contactos entre octubre del 2002 y diciembre del 2003, momento en que mi falta de creatividad se mezcló con una ida y vuelta de República Dominicana, y quizás un etapa turbia, de reflexión y replanteo de mi lugar en el mundo. Ahora, casi tres años después del comienzo de todo, puedo realmente emitir una opinión sin arbitrariedades.

Intentaré publicar los mensajes originales de aquella época, aunque con el tiempo pude apreciar el cambio por el que estaba pasando. Hubo algo así como 3 etapas de evolución durante mi tiempo fuera de Argentina. La primera, caracterizada por la resistencia al cambio, la ansiedad, el uso de estereotipos y la falta de información sobre mi destino; una segunda etapa de aceptación y adaptación al entorno tanto en la vida diaria como en el trabajo y una tercera etapa de asimilación - el famoso camuflaje, y de compartir las experiencias. Recuerdo escuchar las charlas en AIESEC con un tono de incredulidad, sin comprender del todo el mensaje detrás de las palabras, pensando que me podía comer el mundo de a pedacitos, pasando a todos por encima, sin recatarme en lo que significa el cambio en una persona que solo había comenzado a conocer los alrededores de su entorno unos años antes, cuando por temas laborales comencé a viajar alrededor de Argentina, conociendo nuevas provincias, nueva gente, otras costumbres, otros acentos, etc.

Salir de la burbuja que significa vivir en Buenos Aires es algo que no creo que muchos puedan hacer. Estamos acostumbrados a un discurso cargado de falsedades y del famoso egocentrismo por el cual se caracteriza nuestra cultura porteña. Recientemente tuve la oportunidad de conocer una colega de la universidad que hace unos 7 años no veía, de paso por Miami se encontraba haciendo un entrenamiento en mi misma oficina. Luego de un tiempo y algunas conversaciones, tuve la oportunidad de discutir estos temas con ella desde el punto de vista de una persona que se sometía al ritmo de una nueva cultura casi por primera vez. Una característica de la primera etapa a la que hice mención es el hecho de no reconocer nuestros rasgos inherentes a la cultura porteña (de Buenos Aires), como la forma que hablamos, la forma de caminar, los rasgos de la cara y el cuerpo, modismos, y otras cosas que no me vienen a la mente en este momento. De a poco, pude abrirle los ojos a un mundo distinto, diverso.

Durante estos tres años que pasaron desde poner un pie en el aeropuerto de Ezeiza, la puerta al nuevo mundo, he experimentado cambios fundamentales en mi vida. Dejé de ser un niño de una forma poco habitual - la comida no estaba preparada cuando llegaba a casa, alguien me daba la bienvenida en un idioma extraño, la ropa no estaba limpia y doblada en mi armario, el transporte público no estaba plagado de hombres y mujeres leyendo diarios en silencio en calles que bajan hacia el centro de la ciudad en forma recta como flechas rompiendo el aire, el aire ya no se sentía frío en las mañanas, el bolsillo se llena y se vacía por voluntad y esfuerzo propio... Normalmente, el paso de la adolecencia a la adultez transcurre en un ambiente benigno, en medio de una transición amigable y sin muchos aprietos, con el apoyo de familia y amigos e incluso de las instituciones. En ocasiones, el cambio se siente un poco más cuando un evento se suscita en nuestras vidas, y debemos acelerar el cambio; o simplemente, por el hecho de levantarse una mañana y ver al mundo con otros ojos, y decidir dar el paso adelante. Otros mueren en el intento o sin siquiera haberlo intentado.

No voy a ser mentiroso, la primera etapa es dura, uno busca apoyo en las pocas personas que se tiene alrededor, en los nuevos amigos, en caras que se van acercando desde todos los ángulos. Buscamos consejos y alternativas para aprender a vivir en el nuevo ambiente - aprendemos a confiar en la gente. Sin embargo, hay algo más que eso; la persona debe salir de dos círculos cerrados que desarrolló su mente en los años de niñez, uno de ellos donde se encuentra nuestra percepción sobre las personas y el entorno relacionado con la raza, el color de la piel, el credo, el mero aspecto físico. Otro donde guardamos nuestra percepción sobre escalas sociales, idioma, posición laboral, comunicación, entre otros. Esa primera etapa estaba plagada de caracterización de las personas por su aspecto, sin intentar reconocer los valores innatos en la gente. Sin embargo, inconcientemente estaba preparado a superar todo esto, sin saber a qué me enfrentaba o qué me iba a deparar la suerte.

Dentro de cada relato se hace claro el paso entre las tres etapas que he mencionado, por ello voy a dejar que mis palabras encuentren sentido por sí mismas y que el lector saque sus propias conclusiones. Como todo acto en la vida, todo tiene un final abierto, del que todavía no conozco el resultado. El lector tampoco debe esperar consistencia en mis palabras, ya que se notará cómo se va rompiendo la burbuja y abriéndose el camino hacia una nueva vida.